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Manejo del Fósforo en Pasturas
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C. E. Quintero y N. G. Boschetti
Facultad de Ciencias Agropecuarias UNER
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Seguramente, la
fertilización fosfatada de pasturas fue una de las primeras prácticas de
fertilización masivamente difundidas en nuestro país. La disponibilidad de P
en el sistema suelo-planta-animal juega un rol fundamental definiendo la
productividad del sistema, dado que, la deficiencia de P provoca una marcada
reducción en el crecimiento y en la calidad del forraje.
Genéricamente se habla
de pasturas abarcando este término a un sinnúmero de combinaciones de
forrajeras anuales o perennes, de gramíneas y leguminosas puras o consociadas.
Sin embargo, es bien conocido que si bien las gramíneas responden a la adición
de P cuando éste es deficiente, son las leguminosas las que responden en mayor
medida por ser mas exigentes en este nutriente. Dentro de las leguminosas, la
alfalfa es la especie de mayor difusión en nuestro país (2 Mha en siembras
puras y aproximadamente 4 Mha en mezclas) por su gran productividad y calidad.
Es por esto que la fertilización de pasturas en nuestro país puede ser, en
gran medida, sinónimo de fertilización de alfalfa.
Disponibilidad de P en
el suelo y crecimiento
Las plantas que sufren
deficiencias de P reducen la expansión foliar, determinando una menor
superficie foliar y un menor número de hojas, juntamente con un amarillamiento
y senescencia prematura de las hojas maduras. En contraste el contenido de
proteínas y de clorofila por unidad de área foliar no es muy afectado.
Frecuentemente el contenido de clorofila es aun mayor en plantas deficientes lo
que les da a las hojas un color verde oscuro, sin embargo la eficiencia
fotosintética por unidad de clorofila es mucho menor. El crecimiento aéreo se
deprime mas que el radical destinando las plantas una proporción mayor de
carbohidratos hacia las raíces. Todo esto resulta en una subutilización de los
recursos del ecosistema como la radiación y el agua, lo que determina
inferiores producciones de forraje.
En cuanto a la
evaluación de la disponibilidad de P para las plantas en el suelo, el método
de Bray y Kurtz 1 ha demostrado gran versatilidad para la mayoría de los suelos
que se pueden encontrar en nuestro país. El índice de Bray integra en gran
medida los factores de suelo que hacen a la disponibilidad del P, requiriendo
solamente de su calibración para la interpretación de sus resultados
(Benavidez, et al 2000). Los trabajos realizados en nuestro país indican que
por debajo de los 12 ppm de P Bray es muy probable obtener altas respuestas a la
fertilización. (Fig. 1).
Fig. 1:
Respuesta media a la fertilización con superfosfato triple (SPT) en 9 ensayos
con menos de 12 ppm y 3 ensayos con más de 12 ppm de P. Producción del
primer año en la provincia de Entre Ríos.
La relación entre la
disponibilidad de P en el suelo y el rendimiento de la alfalfa se puede apreciar
en la figura 2, para ensayos realizados en Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires.
Fig. 2:
Relación entre el P disponible por el método de Bray y el rendimiento de
alfalfa. Figura construida en base a datos de Berardo y Marino (2000); Vivas y
Quaino (2000); Quintero et al. (1996).
La alfalfa alcanza los
máximos rendimientos con mas de 25 ppm; valores inferiores deprimen el
crecimiento de manera significativa. Esto se debe fundamentalmente a la alta
exigencia en P que posee la alfalfa. Una buena pastura en base a alfalfa puede
extraer unos 60 kg de P /ha/año, lo que implica que el suelo debería disponer
de unos 160 g/ha/día; sin embargo, debido al crecimiento estacional, los
requerimientos de P pueden incrementarse a mas de 500 g/ha/día cuando las
plantas crecen activamente. Evidentemente, estos niveles de extracción sólo
pueden ser sostenidos por suelos muy bien provistos de fósforo. Otras
leguminosas como trébol blanco, lotus, trébol rojo tienen menores
requerimientos.
Efecto de la
fertilización fosfatada
La adición de P en
pasturas de leguminosas ha mostrado incrementos en la producción de forraje de
hasta 8000 kg/ha/año. La eficiencia de utilización de P aplicado disminuye con
el incremento de la dosis y el aumento de la disponibilidad de P en el suelo.
También es inferior en dosis divididas respecto a un aplicación única a la
siembra. En términos generales se puede esperar una respuesta de 150 a 200 kg
de materia seca por kg de P aplicado, aunque se han observado valores muy
superiores (Berardo y Marino, 2000; Bono et al, 1997; Bordoli, 1998; Loewy y
Ron, 1998; Morón, 2000; Quintero et al.; 1995 Quintero et al. 1997; Vivas
1996).
La respuesta de las
leguminosas a la adición de P es de mayor magnitud a la observada en otras
familias botánicas debido posiblemente al efecto que tiene el agregado de este
nutriente sobre la nodulación y la fijación de N, lo que repercute en una
mayor calidad del forraje producido (Boschetti et al. 1998).
Otro aspecto interesante
de destacar es el efecto del P sobre el crecimiento y distribución de las
raíces. En suelos deficientes cerca del 80% de la masa radical se encuentra en
los primeros 20 cm de suelo, mientras que en suelos fertilizados esa proporción
de raíces alcanza los 50 cm de profundidad (Sanderson y Jones, 1993); esto le
confiriere mayor resistencia a la sequía junto con un mayor volumen de suelo
explorado.
Es frecuente encontrar
el enunciado que la fertilización favorece la perennidad de las pasturas. Esto
puede interpretarse como una mayor supervivencia de plantas en el tiempo debido
a la mayor disponibilidad de P. Sin embargo este es un aspecto que no ha sido
comprobado de manera generalizada. En la tabla 1 se muestra el efecto de la
aplicación de fertilizante incorporado a la siembra versus la aplicación anual
en superficie. Como se puede observar, la densidad de plantas y de tallos al
tercer año, no fue afectada por la dosis ni por el método de aplicación. Se
observó una tendencia hacia un mayor número de tallos por planta y a coronas
mas pesadas por la adición de fertilizante, independientemente de la forma de
aplicación. Sin embargo, fue muy significativo el efecto de la dosis aplicada
sobre el peso de los tallos y el rendimiento por planta.
Tabla 1: Efecto de la
fertilización con superfosfato triple incorporado en la siembra y la
refertilización anual al voleo, sobre el crecimiento de alfalfa en un suelo
franco arenoso de Texas, EE.UU. ( Sanderson y Jones (1993).
Estrategias de
fertilización fosfatada
El programa de
fertilización de pasturas, en lo que respecta a fósforo, debe contemplar la
disponibilidad del elemento y la capacidad de retención o fijación del suelo,
así como la vida útil de la pastura.
El fertilizante aplicado
a la siembra permite su incorporación al suelo y puede ser aprovechado desde el
inicio de la pastura, por lo cual es el que mayor respuesta da y el que con
mayor eficiencia se utiliza (Quintero et al. 1997). Por el contrario, en las
aplicaciones en cobertura se obtienen menores respuestas y menor eficiencia de
aprovechamiento, además están sujetas al riesgo de pérdida por movimiento
superficial provocado por las lluvias. Es por ello que la fertilización inicial
es clave y fundamental en la productividad y en la respuesta económica a la
fertilización.
La dosis a aplicar
deberá ser mayor cuando menor sea la disponibilidad y mayor sea el poder de
retención de P del suelo. Según los trabajos realizados por las Universidades
de Entre Ríos y de la República del Uruguay, se requieren de 10 a 30 kg de
superfosfato por hectárea para aumentar 1 ppm de P Bray en el suelo. Estos
valores varían en función del tipo de suelo especialmente por su textura. En
la Tabla 2 se dan valores orientativos para la fertilización de pasturas de
alfalfa en distintos suelos. Estas dosis son para aplicaciones del fertilizante
al voleo y mezclado con el suelo. En el caso de fertilizaciones en líneas las
dosis pueden reducirse. En pasturas menos exigentes como trébol rojo, trébol
blanco o lotus las dosis pueden reducirse en un 20 %. La refertilización esta
recomendada para valores de P disponible en el suelo inferiores a 14 ppm
(Quintero et al 1997).
Tabla 2: Dosis
orientativas de fertilización con superfosfato triple (kg/ha) para obtener
una máxima producción de alfalfa. Refertilización en suelos con P < 14
ppm.
La respuesta a la
refertilización está condicionada por el estand de plantas leguminosas. Los
trabajos realizados por Quintero et al (1997) dejan clara evidencia de que el
rendimiento de pasturas con menos de 80 plantas leguminosas por metro cuadrado
no supera los 3000 a 4000 kg/ha por año aunque el nivel de P disponible en el
suelo sea alto (Figura 3).
Figura 3: Relación
entre el estand de plantas de leguminosas, el P disponible y la productividad
de las pasturas en Entre Ríos (Quintero et al, 1997).
Utilización de fosfatos
naturales
Para el caso de las
pasturas existe la posibilidad de utilizar fertilizantes de baja solubilidad
como las rocas fosfóricas. Estos fertilizantes tienen la ventaja de su menor
costo y son considerados fertilizantes naturales aceptados para las producciones
orgánicas. La efectividad de las rocas depende de su composición
físico-química ligada a su origen. Existen dos materiales destacados por su
reactividad, ellos son la roca proveniente de Carolina del Norte (EE.UU.) y la
de Gafsa (Túnez). Estos materiales reaccionan mas rápido con el suelo
solubilizándose mayor proporción de P. Químicamente los fosfatos naturales
son "apatitas" o fosfatos de Ca cuya solubilidad en agua es muy baja,
sin embargo, gracias a la acidez natural del suelo una proporción puede
disolverse y ser absorbida por las plantas. Ensayos realizados en Entre Ríos
mostraron que la roca fosfórica permaneció en mas de un 80 % en su estado
natural insoluble luego de 3 meses de reacción con el suelo, sin embargo el
rendimiento del lotus fue de 80 a 90 % del obtenido con supertriple. Las
experiencias realizadas por Berardo y Marino (1993) en el sudeste Bonaerense
mostraron que la respuesta al Superfosfato fue superior a la roca fosfórica en
el primer año; sin embargo la respuesta al fosfato natural fue igual o superior
al supertriple en el segundo y tercer año. Por otro lado,los trabajos
realizados en Uruguay y en otros países indican que los mejores resultados en
la utilización de fosforitas se obtienen en suelos de pH inferior a 5,5. En
suelos de baja acidez 5,5 a 6,5 deberían incrementarse las dosis de un 30 a 50
% para obtener respuestas similares al SPT.
Encalado y otros
nutrientes
En algunas
circunstancias la respuesta a P puede estar limitada por condiciones adversas
del ambiente o deficiencias de otros nutrientes. El encalado previo a la siembra
en pasturas de alfalfa, es particularmente recomendado en suelos con un pH
inferior a 6 y baja disponibilidad de P (Boschetti et al. 2000). La adición de
Sulfato de amonio o Sulfonitrato de amonio en primavera ha mostrado respuestas
interesantes en pasturas de alfalfa y festuca, así como la adición de boro y
molibdeno en algunas ocasiones. Sin duda la fertilización balanceada es la
clave para la alta productividad.
Referencias
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